December 24, 2021
From Workers.org
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Por Marc Vandepitte y Toon Danhieux 

Traducido del neerlandés por Sven Magnus. Versión cortada por Mundo Obrero.

Cada vez más, amplios sectores de la población europea expresan abiertamente su desconfianza hacia las políticas para combatir en COVID-19. La reacción de la política tradicional es de pánico y se caracteriza por el paternalismo y la represión: obligación general de vacunarse y restringir la libertad de circulación.

Esa no es la forma de crear apoyo en la población. Para ello será necesario, como mínimo, escuchar los temores y las preocupaciones de las personas no vacunadas. Pero también hay otros elementos en juego. La comparación con Cuba es interesante.

Desconfianza en el gobierno

Muchas personas no vacunadas dudan, con razón, de la competencia y/o de la buena fe de los gobiernos que ahora quieren vacunar lo antes posible. No es tan incomprensible.

Los pa√≠ses europeos est√°n improvisando desde marzo de 2020. No existe ning√ļn tipo de uniformidad o l√≥gica en las pol√≠ticas para atacar la pandemia de COVID-19. Con √≠ndices de contagio similares las medidas difieren mucho de un pa√≠s a otro.

En B√©lgica, donde yo vivo, como en otro pa√≠ses en Europa, la improvisaci√≥n era incomprensible. El gobierno belga esper√≥ hasta mediados de marzo antes de tomar medidas. Eso fue un mes y medio demasiado tarde. 

Si hubieran tomado medidas antes, la tasa de propagación habría sido mucho menor y se habrían evitado miles de muertes por COVID-19. Y parece que no aprenden de sus errores. La respuesta a cada nueva ola de COVID-19 llega tarde.

Aunque los expertos llevaban a√Īos advirti√©ndolo, el gobierno belga no estaba preparado para una pandemia. Al principio dec√≠a que las mascarillas no serv√≠an, porque (todav√≠a) no se dispon√≠a de ellas debido a una mala gesti√≥n. Luego, de repente, se convirtieron en obligatorias.

En septiembre de 2021 las medidas se relajaron en B√©lgica con cifras peores, mientras que en los Pa√≠ses Bajos se endurecieron con mejores cifras. ¬ŅC√≥mo explicar eso? En B√©lgica se tienen que poner de acuerdo siete ministros de Sanidad para poder implementar una nueva pol√≠tica. Al mismo tiempo, los gobernadores y alcaldes introducen normas m√°s estrictas o m√°s permisivas y los presidentes de los partidos pulen su imagen a costa de la salud p√ļblica.

Cuando esa desconfianza llega a las calles y a las redes sociales, la extrema derecha solo tiene que meter el balón de cabeza. Atraen a su lado a quienes están legítimamente descontentos solo con mostrar empatía con su desconfianza en el gobierno.

Las medidas anti-COVID-19 en muchos pa√≠ses europeos fueron y siguen siendo un enorme caos. Pero, en realidad, la desconfianza es mucho m√°s profunda. En la anterior gran crisis, la bancaria de 2008, los ciudadanos tambi√©n fuimos los que pagamos el pato. Los bancos que hab√≠an especulado con nuestro dinero se salieron con la suya y fueron salvados. Y la gente com√ļn pagamos la factura. Es obvio que existe desconfianza en la capacidad de gesti√≥n de una crisis por parte del gobierno.

¬ŅY en Cuba?

Ya en enero de 2020, casi dos meses antes de que los pol√≠ticos en Europa entraran en acci√≥n, el gobierno cubano puso en marcha un plan nacional para combatir el coronavirus. Se lanzaron campa√Īas masivas de informaci√≥n en los barrios obreros y en la televisi√≥n. Ni gobiernos contradictorios ni siete ministros de sanidad que se ten√≠an que poner de acuerdo ni discusiones sobre mascarillas obligatorias.

El gobierno actu√≥ con decisi√≥n e hizo todo lo posible para cortar el virus de ra√≠z. Nada de promesas f√°ciles diciendo que √≠bamos a recuperar el ‚Äėreino de la libertad‚Äô gracias a las vacunas, nada de soltar las riendas demasiado r√°pido, debido a motivos electorales o a la falta de coraje pol√≠tico, sino medidas firmes.

Algunos ejemplos. El turismo, principal fuente de ingresos pero tambi√©n de contagio, se detuvo inmediatamente. Los ni√Īos a partir de seis a√Īos est√°n obligados a llevar mascarilla. Cuando qued√≥ claro que las escuelas tambi√©n eran importantes focos de contagio, se pas√≥ a la educaci√≥n en casa, con muy buen apoyo de la televisi√≥n escolar, entre otras cosas.

La asistencia sanitaria en Cuba se centra principalmente en la prevenci√≥n y est√° muy descentralizada. Cada barrio tiene su policl√≠nica y existe un fuerte v√≠nculo de confianza entre la poblaci√≥n local y el personal sanitario. Desde marzo de 2020 casi 30.000 ‚Äėrastreadores de contactos‚Äô han ido de puerta en puerta, hasta los rincones m√°s alejados de la isla, para comprobar en cada familia si uno de sus miembros estaba infectado. En B√©lgica la detecci√≥n la realizaron personas an√≥nimas en centros de llamadas, lo que no inspira precisamente confianza.

Mientras tanto, todo se centr√≥ en el desarrollo de vacunas contra el coronavirus. En marzo de 2021 tres vacunas estaban ya en fase de prueba. En la actualidad Cuba cuenta con cinco vacunas propias, una de ellas para ni√Īos de tan solo dos a√Īos.

Las diferencias en las pol√≠ticas COVID entre Cuba y B√©lgica se reflejan tambi√©n en las cifras. En Cuba hubo 146 muertes por COVID-19 a finales de 2020. En B√©lgica, con el mismo n√ļmero de habitantes, la cifra era de casi 20.000. Eso fue antes de la variante Delta. Cuba no lleg√≥ a tiempo. Las vacunas propias reci√©n se terminaron tres meses despu√©s de que la variante Delta empezara a proliferar. La r√°pida vacunaci√≥n en B√©lgica, a partir de finales de 2020, ha permitido reducir significativamente el n√ļmero de muertes causadas por la variante Delta, al menos en las fases iniciales.

En Cuba la variante Delta en realidad lleg√≥ demasiado pronto; no hab√≠a vacunas en ese momento. El pico de infecci√≥n se produjo en el mes de julio. Esto caus√≥ muchas muertes y sacudi√≥ el sistema sanitario. Esta precaria situaci√≥n sanitaria se sum√≥ a los graves problemas econ√≥micos derivados del bloqueo econ√≥mico de Estados Unidos, la p√©rdida de turismo y el aumento del precio de los alimentos. Como resultado, hubo mucho descontento entre la gente. 

A través de las redes sociales se ha intentado desde Estados Unidos agitar ese descontento y canalizarlo en protestas. El intento acabó fracasando.

Una vez iniciada la campa√Īa de vacunaci√≥n en Cuba los resultados fueron espectaculares. El 20 de septiembre, al inicio de la campa√Īa, todav√≠a hab√≠a diariamente m√°s de 40.000 nuevas infecciones y 69 muertes. El 13 de diciembre hay 80 nuevas infecciones y una muerte al d√≠a. 

En Cuba tambi√©n se vacuna a los ni√Īos a partir de dos a√Īos. El 2 de diciembre el 90% de los cubanos hab√≠a recibido su primera dosis. Es el segundo porcentaje m√°s alto del mundo, despu√©s de los Emiratos √Ārabes Unidos, y el m√°s alto de Am√©rica Latina. En B√©lgica estamos al 75%.

  1. Desconfianza en las grandes farmacéuticas

A muchas personas no vacunadas en Europa les parece sospechoso que el gobierno proporcione vacunas gratuitamente. Hay que pagar cada vez m√°s por otros medicamentos. La sanidad cuesta cada a√Īo m√°s a los pacientes y ahora, de repente, todos ‚Äútenemos‚ÄĚ que vacunarnos gratuitamente. ¬ŅNo hay nada detr√°s? ¬ŅSe es un te√≥rico de la conspiraci√≥n si se hace esta pregunta?

La gente sabe que las grandes farmac√©uticas s√≥lo miran las ganancias y no siempre se toman en serio la seguridad de las personas. Entre 1940 y 1980 millones de futuras madres tomaron DES (dietilstilbestrol) contra los abortos espont√°neos y en los a√Īos 60 se les recet√≥ Softenon (Thalidamide) contra los mareos del embarazo. Esas decisiones produjeron miles de beb√©s deformes.

La gente tambi√©n sabe que las compa√Ī√≠as farmac√©uticas est√°n cobrando precios demasiado altos por sus vacunas contra el COVID-19 y que est√°n subvencionados por el gobierno, pero se les permite quedarse con miles de millones de beneficios. Cuando estas mismas empresas dicen entonces que es necesario otra inyecci√≥n de refuerzo, esto despierta comprensiblemente la sospecha, aunque la necesidad sea cient√≠ficamente correcta.

¬ŅY en Cuba?

En Cuba no existe una industria farmacéutica privada. Todas las vacunas contra el COVID-19 las fabrican laboratorios biomédicos de propiedad gubernamental. El 80% de las vacunas utilizadas en los programas de vacunación del país son de fabricación nacional. Aquí no encontrará precios escandalosos ni beneficios usureros.

En los √ļltimos meses se ha demostrado que las vacunas tambi√©n son muy eficaces. Por eso no es de extra√Īar que cualquier persona cubana no solo conf√≠e en sus empresas farmac√©uticas nacionales, sino que se sienta orgullosa de ellas.

Desconfianza en la ciencia

La ciencia real y la pseudociencia se utilizan a menudo para hacer publicidad de todo tipo de cosas aqu√≠ en Europa: suplementos alimenticios, pa√Īales perfectos, productos para crecimiento de pelo, m√≥viles supers√≥nicos‚Ķ A consecuencia de ello la ciencia ha perdido gran parte de su estatus para muchas personas.

Adem√°s, muchas personas salen de la ense√Īanza secundaria o superior sin ser capaces de entender las estad√≠sticas o su representaci√≥n en los art√≠culos.

¬ŅY en Cuba?

En Cuba la gente se enfrenta a la publicidad profesional solo muy esporádicamente. La ciencia llega a la gente a través de la educación -de alta calidad- y de medios de comunicación no comerciales. Incluso antes de la primera infección se explicó a todos los cubanos en la televisión qué es el COVID-19, cómo se desarrolló la pandemia en todo el mundo, qué se puede hacer al respecto y, por consiguiente, qué medidas se iban a tomar.

La poblaci√≥n cubana sab√≠a que sus cient√≠ficos trabajan por el bien com√ļn de su pa√≠s. La poblaci√≥n lo constata casi todos los a√Īos, por ejemplo, en las evacuaciones preventivas de los pueblos y ciudades que se encuentran en las rutas de los huracanes, trazadas por los mejores meteor√≥logos del mundo. 

  1. Desconfianza en la solidaridad

Una gesti√≥n eficaz de la pandemia presupone solidaridad. La mayor√≠a de la poblaci√≥n, que personalmente tiene poco que temer de la enfermedad, debe solidarizarse con personas (muy) mayores y f√≠sicamente d√©biles. La vacunaci√≥n es importante para un hombre o una mujer normal, y tambi√©n para los ni√Īos, para reducir la circulaci√≥n del virus en la comunidad lo antes posible en favor de los m√°s d√©biles. La mayor√≠a de la gente -tambi√©n en Europa- considera que eso es una raz√≥n suficiente para participar. Esto tambi√©n se aplica al cumplimiento de las medidas de seguridad.

Toda la cultura comercial y neoliberal de aqu√≠ le recuerda a la gente a diario su deber de desarrollarse, de hacerlo cada vez mejor en la vida, enti√©ndase, ser m√°s rico. El ideal es la autonom√≠a absoluta, no depender de los dem√°s, ni mucho menos del ‚ÄėEstado‚Äô, pues de lo contrario se es un aprovechado.

¬ŅY en Cuba?

Las y los cubanos no est√°n en una situaci√≥n de competencia o de ‚Äės√°lvese quien pueda‚Äô. La poblaci√≥n cubana sabe por experiencia que solo juntos pueden afrontar los grandes retos del pa√≠s. Superar los problemas juntos es a lo que est√°n acostumbrados, desgraciadamente hoy m√°s que nunca. Ayudar a los vecinos, limpiar el barrio juntos, celebrar reuniones y tomar decisiones juntos en el lugar de trabajo, etc., es su forma de vida.

La solidaridad forma parte de su ADN. Durante d√©cadas han enviado m√©dicos, enfermeros y profesores al resto del mundo. Un peque√Īo pa√≠s de once millones de habitantes, con diez veces menos recursos que B√©lgica, envi√≥ m√©dicos a luchar contra el COVID en lugares tan lejanos como Italia.

Esta actitud y forma de vida es la cuarta raz√≥n por la que hay pocos o ning√ļn antivacunas en Cuba.




Source: Workers.org